Aida Fernández Cotarelo

Reseña sobre "Big Magic", de Elizabeth Gilbert

01. Nov. 2020

Big Magic suena cursi, y su portada confirma el tono sensiblero del título con una paleta de colores estridentes.

Una vez superado el fogonazo colorista, a nivel de contenido puedes esperar una estructura en torno a seis palabrotas, una por título de capítulo (valor, encantamiento, permiso, persistencia, confianza, divinidad) abordadas con una falta de precisión conceptual descorazonadora. Nada sorprendente si tenemos en cuenta que la autora nos invita a liberar nuestra magia y vivir una vida creativa más allá del miedo ya en la portada, o sea que si aún esperabas abrir el libro y encontrarte una exposición academicista y detallada sobre las contradicciones inherentes en el ejercicio creativo, cariño, el problema es tuyo. De hecho, si lo leemos con gafas analíticas, para Gilbert todo es creatividad, o sea que nada lo es, o sea, gafas explotan. No os las pongáis.

Porque a pesar de todo, no podemos no querer a Elizabeth Gilbert, que nos habla con honestidad, tiene tablas, y es generosa en su intención de ayudarte a sanar tu relación con tus facetas creativas. El libro te ofrece una guía de ruta sobre como cambiar la actitud hacia la creatividad por una más positiva que desmitifica el ideal del artista atormentado, siendo este tema y el tono de su reivindicación uno de los hits de la Gilbert, que trata también en sus charlas Ted:

(ir al minuto 4)

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No es fácil tratar este asunto sin sonar pedante, ingenua, o caída de un guindo, y esta mujer sale airosa. A la hora de comunicar, Gilbert no da lecciones, regala anécdotas, y lo hace dirigiéndose a su audiencia de tú a tú, siendo convincente incluso cuando nos sugiere que para ser coherente con la naturaleza del instinto creativo debemos tratar las ideas como algo mágico que nos visita, que tiene vida propia. Gilbert habla de las musas con gracia y sin drama, gracias a su estilo de comunicación franco, directo, y nada presuntuoso. Nos propone que la creatividad es una potencialidad de lo cotidiano, algo instrascendente que al mismo tiempo nos permite conectar con nuestra vitalidad y espiritualidad, nuestros anhelos más profundos. La idea es que la vida creativa se basa en la sencillez, no en la simplicidad. A nivel de inspiración para el cambio o de novedad en la información que me aporta, personalmente, no pasará a la historia como uno de los libros que ha cambiado mi vida, pero es entretenido y cercano, se siente como las palabras de una amiga, así que mi veredicto es que lo recomiendo a tod@s l@s que tengáis curiosidad por comprender algunas ideas básicas de “creativity coaching”; cómo abordar vuestra auto-concepción como personas creativas, siempre con ideas, tips y relatos orientados a una aplicación práctica, inmediata, sin dramas. Ni arco iris (aunque la portada sugiera lo contrario).

En resumen, dejando a un lado los debates sobre las preferencias personales de cada cual sobre el género de libros de autoayuda (a mí también me provocaban urticaria), las lagunas conceptuales, los colorinchis efectistas del diseño, y el rollo Disney yankee, podemos quedarnos con tres mensajes de este libro:

  1. Una observación: que la sociedad te lleva a asumir como rol por defecto el de consumidor@, haciéndote sentir incomplet@ (Esto ya lo sabíamos a que sí? No está de más recordarlo).
  2. Una invitación: a desarrollar nuevas formas de vida/resistencia, explicando que esto implica, primero, parar, volver la vista hacia un@ mism@, y luego tener el valor de dejarte de tontadas, y sentir cuáles son tus deseos e impulsos creativos de verdad. Sinceramente, sin máscaras ni bienquedares, porque esos deseos e impulsos no son algo que elijas tú, estrictamente hablando se escapan a tu voluntad. Llámalo como Gilbert, ideas mágicas, o llámalo subconsciente, ahora mismo nos da igual, el caso es que a menudo la generación de ideas creativas no están bajo tu control consciente, y sin embargo aprender a relacionarte con ellas es muy enriquecedor. ¿Qué hacer? Primero, pasar de lo que piensen o digan los demás, y escuchar tus inquietudes.
  3. Una advertencia: no puedes deshacerte tan fácilmente del condicionamiento del qué dirán ni la parálisis que provoca la expectativa de las críticas. De hecho, prepárate para las críticas y censuras (externas e internas), son inevitables, volverás con puntualidad y de manera cíclica a caer en ese fango, pero la única manera de controlar o evitar la crítica es quedándote catatónic@ en tu cápsula unipersonal, obedecer y dejar la vida pasar. La vergüenza y las expectativas no nos sirven para nada aquí, hay que echarle un poco de morro, adoptar la actitud del trilero. Y si quieres saber qué actitud es esa, tienes que leer el libro.